En algún momento de la vida, casi todo el mundo hace esa pregunta: "¿Para qué estoy aquí?" Puede aparecer en momentos de crisis. O en momentos de silencio. O en una madrugada cualquiera cuando el mundo duerme y la mente no puede parar.
La Respuesta que el Mundo Da
El mundo moderno ofrece varias respuestas. Algunos dicen: "Estás aquí por casualidad, así que disfruta mientras puedas." Otros dicen: "Estás aquí para tener éxito, para dejar tu nombre."
Pero estas respuestas tienen un problema: se vacían. El éxito llega y pregunta: "¿Y ahora qué?" El placer termina y deja un hueco. La fama se apaga.
Lo que la Fe Dice
La fe cristiana ofrece algo diferente: dice que antes de que nacieras, ya eras conocido. Que tu existencia no fue un accidente. Que hay un tejedor detrás del tejido de tu vida, aunque los hilos parezcan desordenados desde donde los ves.
Jeremías recibió esa revelación cuando se sentía el menos indicado para su misión: "Antes de formarte en el vientre, ya te conocía." No fue un consuelo barato. Fue una convocatoria.
Propósito No es Perfección
Moisés tartamudeaba. Pablo perseguía a los cristianos. Pedro negó a Jesús. María era apenas una joven sin influencia. Ninguno de ellos era el candidato obvio para cambiar la historia.
Eso significa que tu historia, con todas sus fracturas, puede ser exactamente el material que Dios usa. El propósito no espera que seas perfecto. Empieza donde estás.